La tercera vez que aplazó nuestra boda, renuncié, vendí todo lo que me había regalado y volví al pueblo… un mes después, mi exjefe estaba recorriendo medio país buscándome

oferta.

Cuando vi el nombre casi tiro la carpeta.

Llamé.

—¿Qué estás haciendo?

—Participando en una licitación.

—¿Para comprarme?

—No.

—Tu empresa podría trabajar con cien marcas más grandes.

—Sí.

—Entonces.

—Tu empresa necesita distribución.

—Tenemos otras opciones.

—Por eso hay licitación.

—Ethan.

—Si pierdo, perderé.

Lo dijo tranquilo.

No intentó influir.

Su propuesta quedó segunda.

Elegimos a otra empresa.

Esperé que llamara.

No lo hizo.

Dos días después envió:

“Buena elección. La oferta ganadora tenía mejor cobertura rural.”

Eso me desarmó más que cualquier ramo.

Los meses pasaron.

Mi