La tercera vez que aplazó nuestra boda, renuncié, vendí todo lo que me había regalado y volví al pueblo… un mes después, mi exjefe estaba recorriendo medio país buscándome

bajó la mirada.

—Al principio pensé que volverías.

—¿Y después?

—Después no pude.

Abrí el armario.

Un lado vacío.

El mío.

El otro ordenado.

—Dormiste aquí.

—Sí.

—Pensé que no podías.

—Al principio no.

Silencio.

Nos sentamos en la cocina.

El mismo lugar donde tantas veces había preguntado por nuestra boda.

—¿Todavía tienes el anillo?

Ethan me miró.

—Sí.

—¿Dónde?

—Caja fuerte.

—¿Puedo verlo?

Se quedó completamente quieto.

—¿Estás segura?

—Solo verlo.

Subió.

Regresó con una caja pequeña.

No se arrodilló.

Eso me gustó.

La abrió sobre la mesa.

Era