sencillo.
Elegante.
Exactamente mi estilo.
—Lo elegiste bien.
—Te conozco.
La frase no fue arrogante.
Solo triste.
—¿Cuándo pensabas dármelo?
—Después de la salida a bolsa.
Cerré los ojos.
—Otros nueve meses.
—Sí.
—Sin decírmelo.
—Sí.
—Porque querías controlar el momento.
—Sí.
—Ethan.
—Lo sé.
Sonreí.
—Has aprendido a decir eso muy bien.
—Práctica intensiva.
Cerré la caja.
—No quiero este anillo.
Su rostro cayó.
—Entiendo.
—No porque no me guste.
Esperó.
—Porque pertenece a la versión de nuestra relación donde tú decidías cuándo.
Ethan miró la caja.
Después asintió.