La tercera vez que aplazó nuestra boda, renuncié, vendí todo lo que me había regalado y volví al pueblo… un mes después, mi exjefe estaba recorriendo medio país buscándome

también vas a utilizar el trabajo para castigarme?

—Señor Sterling, estamos en horario laboral.

Sus ojos se oscurecieron.

Le devolví exactamente las palabras que él me había dicho.

—No mezcle asuntos personales.

Su cara fue memorable.

Aun así, firmó mi renuncia.

Y por despecho redujo mi período de transición de un mes a siete días.

Perfecto.

Así tuve más tiempo para desaparecer.

Vendí los bolsos, relojes y joyas que me había regalado.

Vendí también un apartamento que estaba legalmente a mi nombre.

Sumado a mis ahorros, reuní una cantidad suficiente