—¡Acabo de limpiar!
Nos separó.
Así anunciamos nuestro compromiso.
No utilizamos el viejo anillo.
Fuimos juntos a elegir otro.
Mucho más barato.
No porque no pudiéramos comprar uno caro.
Porque no necesitábamos que simbolizara tres años de espera.
Elegimos uno sencillo.
Cuando el vendedor preguntó:
—¿Quién decide?
Respondimos al mismo tiempo:
—Los dos.
Nos miramos.
Reímos.
La boda fue en el pueblo.
Ciento veinte personas.
Demasiadas, según yo.
Pocas, según Ethan.
Mi madre lloró desde las ocho de la mañana.
Lucas fue uno de los invitados.
Cuando vio a Ethan,