La tercera vez que aplazó nuestra boda, renuncié, vendí todo lo que me había regalado y volví al pueblo… un mes después, mi exjefe estaba recorriendo medio país buscándome

dijo:

—Felicitaciones.

Ethan respondió:

—Gracias.

Después:

—Nunca te pregunté.

Lucas sonrió.

—Y mejor que no.

Me metí entre ellos.

—Los dos se comportan.

Antes de caminar hacia la ceremonia, Ethan pidió hablar conmigo.

—¿Qué pasa?

Parecía nervioso.

Eso me enterneció.

—Necesito decir algo antes.

—Si vas a retrasar la boda…

—Nora.

Me reí.

—Habla.

Tomó mis manos.

—Hace cuatro años pensaba que casarse era el momento en que dos personas dejaban de elegirse y empezaban a sentirse obligadas.

Esperé.

—Tú me enseñaste lo contrario.

Sus ojos se humedecieron.

—No me