La tercera vez que aplazó nuestra boda, renuncié, vendí todo lo que me había regalado y volví al pueblo… un mes después, mi exjefe estaba recorriendo medio país buscándome

me gusta tanto que no lo estemos.

Durante mucho tiempo pensé que el mayor problema de nuestra relación era que Ethan no quería casarse.

No era exactamente eso.

El problema era que yo había convertido su decisión sobre cuándo en una decisión sobre cuánto valía mi tiempo.

Y él había aceptado ese privilegio.

Yo esperaba.

Él decidía.

Yo preguntaba.

Él aplazaba.

Yo amenazaba con marcharme.

Él asumía que no lo haría.

Los dos habíamos construido un patrón.

Solo uno de nosotros se beneficiaba de él.

Cuando me fui, no estaba