el camino guardó silencio.
Entonces vi un labial debajo del asiento.
No era mío.
Lo recogí.
Lo dejé dentro de la guantera.
Ethan frenó tan bruscamente que casi golpeé el tablero.
—¡Nora!
Lo miré sorprendida.
—¿Qué?
—¿Eso es todo?
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