de mi vida.
Permanecí en silencio.
—Emily, nuestra casa ya no parece un hogar. No encuentro nada. No sé dónde guardabas los documentos, ni cómo organizabas las cuentas. Llego por las noches y no hay nadie esperándome.
Lo observé.
—Eso no es echarme de menos, Daniel. Es echar de menos todo lo que hacía por ti.
—No es solo eso.
Dejó la bolsa en el suelo.
—Echo de menos hablar contigo. Echo de menos tu risa. Echo de menos llegar a casa y saber que estabas allí.
Sentí un dolor