LA CRIÉ COMO SI FUERA MI HIJA… Y CATORCE AÑOS DESPUÉS LA ENCONTRÉ BESANDO A MI MARIDO EN EL AEROPUERTO

antiguo.

No tan intenso como antes.

Más parecido a tocar una cicatriz.

—Yo también te eché de menos durante mucho tiempo —le dije—. Y estabas sentado a menos de dos metros de mí, al otro lado de la mesa.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Dame otra oportunidad.

Negué despacio.

—No.

—Podríamos empezar de cero.

—No quiero empezar de cero contigo.

Daniel respiró hondo.

—¿Ya no me amas?

Pensé en nuestra boda.

En los viajes que hicimos cuando éramos jóvenes.

En las mañanas en que desayunábamos abrazados en la cocina.