Me divorcié embarazada y oculté a mi hijo durante diez años… hasta que mi ex lo vio en el escenario

demasiadas cosas de la otra para fingir inocencia.

Su mirada pasó de mí a Noah.

Se detuvo.

Solo un segundo.

Pero suficiente.

La vi entender.

La vi medir el parecido.

La vi recalcular la distancia entre ella y Alexander.

—Qué niño tan guapo —dijo.

—Gracias.

Alexander no la miró.

Seguía concentrado en mí.

Victoria, acostumbrada quizá a ser el centro de esa mirada, notó el cambio. Sus dedos se tensaron sobre el pequeño bolso.

—¿Es tu hijo? —preguntó con una dulzura demasiado pulida.

—Sí.

—Se parece mucho a…

—A su