habría sido imaginable diez años atrás.
Alexander llevó una de las maletas.
Yo llevaba la mochila con documentos.
Noah llevaba una sonrisa nerviosa y el mundo entero por delante.
Antes de entrar a seguridad, nos abrazó a ambos.
Primero a mí.
—Mamá, no trabajes demasiado.
—No prometo nada.
—Mamá.
—Lo intentaré.
Luego abrazó a Alexander.
—Cuídala mientras no esté.
Alexander se quedó inmóvil un segundo.
—Ella no necesita que la cuiden.
Noah lo miró.
Alexander corrigió:
—Pero puedo estar pendiente si me deja.
Noah sonrió.
—Bien.
Después se fue.
Lo