necesariamente.
Levanté una ceja.
Él suspiró.
—Lo dije mal.
—Mucho.
Por primera vez, nos reímos sin amargura.
—Sí pensé en volver a casarme —dije al fin—. Pero no encontré a alguien con quien quisiera compartir mi paz.
Alexander asintió.
—Eso es más difícil que encontrar amor.
—Mucho más.
—Yo no volví a casarme.
—Lo sé.
—¿Nunca preguntaste por qué?
—No.
—¿No te interesaba?
—No lo suficiente.
Aceptó la respuesta.
—Victoria y yo terminamos seis meses después del divorcio.
No dije nada.
—Creo que la amaba más cuando era una posibilidad