que cuando se volvió realidad.
Miré mi café.
—Eso suele pasar con las personas que se usan como escape.
Él sonrió con tristeza.
—Sí.
—¿Te arrepentiste?
—Demasiado tarde.
—Así suelen funcionar los arrepentimientos.
—Emily.
Alcé la vista.
—No voy a pedirte volver. No sería justo. Ni inteligente.
—Bien.
—Pero quiero decirte que, si alguna vez necesitas algo…
—Alexander.
—Lo sé. No necesitas.
—Exacto.
—Entonces si alguna vez quieres algo.
La diferencia fue pequeña.
Pero la noté.
No respondí enseguida.
—Tal vez algún día quiera que tomes café sin hablar del