fueran trasladadas a aislamiento, las demás internas comenzaron a sentirse lo bastante seguras como para contar lo que habían soportado durante años.
Una tras otra, denunciaron las amenazas, los golpes, el robo de sus pertenencias y las exigencias con las que ambas las habían sometido.
Sus declaraciones permitieron abrir nuevas actuaciones contra las agresoras.
Pocos días después, Martha y Kelly se enfrentaban a cargos adicionales. Perdieron sus privilegios penitenciarios y fueron trasladadas a un módulo separado de máxima seguridad.
Lauren, entretanto, no pidió ningún reconocimiento ni intentó convertirse en una