Un estudiante universitario sin recursos limpió la casa de una anciana durante meses sin cobrar nunca… Tras su muerte, abrió una carta y descubrió por qué ella había confiado en él

otro poco.

Con el tiempo, nuestra relación cambió.

Ya no iba solamente a limpiar.

Me sentaba con ella.

Escuchaba sus historias.

Mirábamos fotografías antiguas.

Ella me hablaba de su juventud, de su marido y de sus hijos.

Yo le contaba mis problemas con la universidad.

Una tarde me preguntó:

—¿Por qué trabajas tanto?

Me encogí de hombros.

—Porque necesito seguir estudiando.

—¿Y tus padres?

Bajé la mirada.

—Mi padre murió cuando yo era pequeño. Mi madre trabaja, pero no puede pagar todos mis gastos.

Carmen permaneció en silencio durante unos