Un estudiante universitario sin recursos limpió la casa de una anciana durante meses sin cobrar nunca… Tras su muerte, abrió una carta y descubrió por qué ella había confiado en él

en no volver, recordaba su casa vacía y aquella nevera casi sin comida.

Así que seguí.

Semana tras semana.

Mes tras mes.

Nunca recibí un solo peso.

Pero tampoco dejé de ir.

Incluso comencé a llevarle medicamentos cuando podía.

Una vez tuvo una crisis de presión y fui yo quien la llevó al hospital público.

Pasé casi seis horas sentado junto a ella.

Cuando finalmente regresamos a casa, estaba agotado.

Carmen me miró desde su cama.

—¿Por qué haces todo esto?

—Porque usted me necesita.

Ella negó lentamente con la