un amanecer prematuro apocalíptico. Los gritos de libertad, muerte a los opresores, resonaban mezclados con disparos de los guardias que intentaban desesperadamente mantener control. Era caos puro, años de odio y desesperación explotando simultáneamente.
Algunos esclavos armados con herramientas agrícolas convertidas en armas atacaban a los capataces. Otros simplemente corrían hacia la libertad, aprovechando la confusión para escapar hacia las montañas. Esteban Ochoa y los cuatro guardias corrieron hacia el exterior inmediatamente, dejando momentáneamente desprotegido al varón en su prisa por controlar la rebelión.
Era el tipo de error que