Familia tuya, no darte de comer, obligarte a trabajar hasta romper cuerpo como hacer con nosotros. Alejandro, con voz quebrada por días de llanto y desesperación, le contó entre soyosos su historia.
Una infancia encerrado en la mansión como prisionero dorado, rodeado de lujo, pero aislado de todo afecto genuino. Tutores severos que lo golpeaban con reglas de madera por cada error en sus lecciones de latín, matemáticas y filosofía. Su madre Constanza, quien lo había traído al mundo, pero nunca había mostrado el más mínimo interés maternal, viéndolo solo