que tal vez podría sobrevivir otro día más. Shochitl observaba sin expresión mientras comía, sus ojos evaluando, calculando, como si estuviera tomando la medida de este extraño con quien el destino la había encadenado. Esa noche, mientras la luna llena iluminaba las grietas del techo, creando patrones fantasmales en el suelo de tierra, Schitle finalmente le habló más extensamente.
Se había sentado cerca de él, pero no demasiado cerca, manteniendo una distancia que respetaba el espacio personal de ambos. ¿Por qué tu ser tan débil? Preguntó sin malicia, genuinamente curiosa.