Todos lo creían estéril… pero en 1859 su destino cambió cuando fue entregado a una esclava indomable

vergüenza más grande de su estirpe. A los 20 años, Alejandro era un joven de constitución frágil, pálido como la cera de las velas que iluminaban la capilla familiar, con apenas 45 kg en su esqueleto de 170.

Tres matrimonios arreglados habían fracasado sin producir heredero alguno y los médicos más prestigiosos de Ciudad de México habían declarado lo impensable. El muchacho era estéril, incapaz de continuar la línea familiar que tanto orgullo había significado para los Mendoza durante generaciones. Pero antes de continuar con esta historia que te helará