amenazante de Ochoa, Schitel despertó justo antes del alba con náuseas violentas. Al principio lo atribuyó a la comida podrida que ocasionalmente servían los capataces, pan mooso o carne que ya olía mal. Pero cuando los síntomas persistieron día tras día y su periodo menstrual no llegó en la fecha esperada, una anciana esclava llamada María, quien había sido partera en su pueblo antes de ser capturada 30 años atrás, la examinó con manos sabias marcadas por décadas de trabajo. María palpó el abdomen de
Sochitel con cuidado, hizo preguntas