con semilla impura, la madre y el bastardo serán consumidos por el juicio divino que no conoce misericordia.
Su voz subió de volumen con cada frase hasta que estaba prácticamente gritando. Los truenos fuera proporcionando acompañamiento dramático a su performance blasfema. El terror que se apoderó del salón era físicamente palpable, espeso como niebla. Los relámpagos iluminaban las ventanas altas como ojos de demonios, observando la blasfemia que ocurría dentro.
Doña Constanza rezaba el rosario con dedos temblorosos, sus labios moviéndose sin sonido. El varón se aferraba a los brazos