ahora para ver el miedo en el leve temblor de sus manos, en el brillo de sus ojos.
Estaba aterrorizada, pero se negaba a mostrarlo, orgullosa hasta el final. El ritual alcanzó un crecendo febril. El padre Justiniano sacó un cuchillo ceremonial, su hoja grabada con más símbolos extraños y por un momento horrible todos pensaron que iba a atacar a Sochitl, pero en cambio se hizo un corte en su propia palma, dejando que su sangre goteara en un cáliz de plata, mientras murmuraba palabras que sonaban como una