al niño de brazos de Shochitl con una delicadeza sorprendente.
Lo sostuvo cerca de su rostro, estudiando cada rasgo con intensidad casi científica. Los ojos del bebé, aún sin enfocar completamente, eran de un extraño color ámbar, una mezcla perfecta de los ojos azules de la herencia europea de Alejandro y los ojos negros profundos de los genes zpotecas de Shochitle.
Su piel era color canela claro, su cabello negro como aabache ya espeso en su cabeza pequeña. Sus rasgos eran una fusión imposible de predecir. La nariz de Alejandro,