que vengan por mi alma. Prefiero enfrentar el juicio divino que lo que acecha en las sombras de esta casa Los sirvientes que encontraron el cuerpo juraron en testimonios susurrados que la habitación olía intensamente a azufre, ese olor característico del infierno según la doctrina católica. Las paredes
estaban cubiertas de símbolos extraños que nadie pudo identificar, dibujados con algo rojo que todos asumieron era sangre, pero que podría haber sido cualquier cosa. Los símbolos parecían moverse cuando no se les miraba directamente. Una ilusión óptica, sin duda, pero que