tomar agua extra o descansar unos minutos adicionales, familias separadas y vendidas como ganado a otros ascendados cuando era económicamente conveniente.
Niños nacidos en esclavitud condenados a perpetuar el ciclo sin esperanza de escape. Los registros mostraban que en los últimos 20 años más de 300 esclavos habían muerto en San Jerónimo, sus cuerpos enterrados en fosas comunes sin nombres ni marcadores. Algunos por enfermedad, cierto, pero muchos por accidentes laborales que los registros apenas mencionaban.
Caídas de techos durante reparaciones sin equipo de seguridad, aplastados por maquinaria mal mantenida,