y accionista —respondí—. No necesito ser dueña de cada empresa para dirigir el grupo.
—¿Y por qué nunca dijiste nada?
La pregunta me pareció extraña.
—Porque cuando me casé con Diego quería saber si podía construir una vida donde mi apellido y mi dinero no fueran lo más importante.
Diego me miraba como si estuviera viendo a otra persona.
—Mariana… ¿tú ayudaste en mis ascensos?
—No de la manera que piensas.
Le expliqué lo único que necesitaba saber.
Sí, había pedido que sus evaluaciones fueran imparciales.
Sí, en algunas ocasiones