había solicitado revisar proyectos donde él participaba.
Pero nunca había ordenado un ascenso ni obligado a nadie a contratarlo.
—Cuando eras bueno, pedí que se reconociera tu trabajo. Cuando te equivocaste, pedí que se aplicaran las mismas reglas que a los demás.
Diego bajó la mirada.
De pronto comprendió muchas cosas.
Las negociaciones que misteriosamente se habían reabierto.
Los proyectos en los que había recibido una segunda oportunidad.
Aquellas noches en las que yo hablaba durante horas desde el estudio diciendo que tenía “una reunión de trabajo”.
Durante tres años