Me casé con un millonario que jamás podría tener hijos… Tres meses después, el médico me dijo que esperaba trillizos y mi esposo apareció en el hospital

de una inversión.

Apretó los labios.

—Precisamente. Tu matrimonio era una decisión importante.

Sebastián dio un paso hacia ella.

—¿Qué hiciste?

Su madre apartó la mirada.

—Solo intenté protegerte.

—¿De qué?

Victoria guardó silencio.

Entonces recordé algo.

Unas semanas antes de nuestra boda, ella me había hecho firmar varios documentos.

Me aseguró que eran trámites habituales para proteger los bienes familiares.

Yo los había revisado con un abogado independiente, pero eran tan extensos que apenas recordaba sus cláusulas.

—El acuerdo prenupcial —murmuré.

Victoria me miró.

Y supe que había acertado.