su chaqueta.
—Antes de enfermar, preparé un documento para transferir gradualmente la administración de la empresa a Sebastián. Nunca se ejecutó.
Mi esposo tomó el sobre.
—¿Por qué?
—Victoria me convenció de que debíamos esperar. Dijo que necesitábamos resolver primero la cuestión de los herederos.
El rostro de Sebastián se ensombreció.
Richard continuó:
—Quiero que los abogados revisen todo. Si hubo decisiones ilegales, deberán corregirse. Y si yo firmé algo sin comprender sus consecuencias, asumiré mi parte.
Después se volvió hacia mí.
—Sofía, te debo una disculpa.
Negué con la