Me casé con un millonario que jamás podría tener hijos… Tres meses después, el médico me dijo que esperaba trillizos y mi esposo apareció en el hospital

cerrar una incertidumbre que había nacido de informes médicos incompletos.

Las muestras fueron tomadas y enviadas a un laboratorio acreditado.

Una semana después llegaron los resultados.

Sebastián sostuvo el sobre cerrado durante varios minutos.

¿Quieres abrirlo tú? —preguntó.

Negué con la cabeza.

—Juntos.

Nos sentamos en el sofá.

Rompió el sello.

Desdobló el informe.

Sus ojos comenzaron a recorrer las páginas.

De pronto se cubrió el rostro con ambas manos.

Mi corazón se detuvo.

—Sebastián…

Él no respondía.

—Por favor, dime qué dice.

Bajó las manos.

Estaba llorando.

Pero sonreía.