Me casé con un millonario que jamás podría tener hijos… Tres meses después, el médico me dijo que esperaba trillizos y mi esposo apareció en el hospital

mismo tiempo.

Sebastián cerró los ojos.

—No puede ser. Acabamos de acostarlos.

Me reí.

—Bienvenido a la paternidad.

Caminamos juntos hacia la habitación de nuestros hijos.

Mientras levantaba a Emma de su cuna, Sebastián me miró con una sonrisa cansada.

—Sofía, ¿puedo confesarte algo?

—¿Qué?

—Si alguien me hubiera dicho hace dos años que algún día estaría cambiando pañales a las tres de la mañana, habría pensado que estaba loco.

Besé la frente de Lucas.

—Y, sin embargo, aquí estás.

Él tomó a Olivia en brazos.

—Aquí estoy. Y no