Mis 3 hijos me dijeron: ‘Mamá, deja de llamarnos. Tenemos nuestras propias vidas’. Así que dejé de buscarlos y llamé a mi abogado. Tres meses después

voz.

“Eso, Daniela, es exactamente el problema.”

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Su rostro se endureció.

“Solo estoy preguntando.”

“Estoy aquí frente a ti hablando de una noche en la que creí que podía morir sola y tu primera preocupación real sigue siendo una casa de 17 millones de pesos.”

Daniela se quedó pálida.

Por primera vez desde que había llegado, dejó de mirar la carpeta.

Miguel apoyó los codos sobre la mesa.

“Yo asumí que siempre habría tiempo.”

Lo miré.

“¿Tiempo para qué?”

“Para venir. Para llamarte. Para arreglar