El precio de la ceguera

las empresas: contratos multimillonarios por los que había sacrificado quince años de mi vida, por los que perdía el sueño y por los que había desestimado con un gesto desdeñoso las peticiones de mi mujer para que la acompañara a una ecografía y sintiera las patadas de nuestro hijo.

Tomé una pesada pluma estilográfica, taché la portada con una gran cruz y rasgué el contrato en pequeños trozos que arrojé sobre la mesa.

—Se levanta la sesión, caballeros —dije con voz grave—. No habrá acuerdo con Courtland Pharmaceuticals. Mañana por