cedieron sobre el hormigón liso y cayó de espaldas, rodando por los empinados escalones de hormigón de la salida de emergencia que conducía a las instalaciones técnicas.
Elena ni siquiera salió del coche.
Se limitó a cerrar la puerta de un golpe, metió la marcha atrás, dio media vuelta cruzando la línea continua de la plaza de aparcamiento y salió a toda velocidad por el portón automático en dirección a la Quinta Avenida.
Méline quedó tendida sobre el cemento frío, en la oscuridad. Sola. Sangrando.
Se arrastró hacia el botón