contra el pecho, donde los médicos llevamos el fonendo y los hombres solos llevamos pocas cosas.
En ese momento se abrió la puerta de la sala y entró una enfermera con paso rápido, de esos pasos que en mi oficio significan una sola cosa.
—Doctor Miller —dijo, mirándonos a los tres—. Sofía se está despertando. Está agitada. Hemos intentado calmarla entre dos, pero… —dudó, y la duda de una enfermera de UCI es un idioma que yo hablo desde antes de que ella naciera— pregunta por una voz. Dice que