apellido Sutherland.
Reese dejó de respirar.
No podía ser.
Su abuelo había sido su protector desde la infancia. Él la había ayudado a construir su independencia y le había enseñado que ninguna fortuna valía más que la vida de una persona.
Sin embargo, la grabación no dejaba lugar a dudas.
Augustus sabía que algo estaba ocurriendo.
Y quizá había permitido que sucediera.
De pronto, el teléfono de Reese vibró sobre la mesa.
Era un mensaje de su abuelo.
«Necesito verte esta noche. Ven sola. Hay algo sobre tu embarazo que