debes conocer antes de que sea demasiado tarde».
Reese contempló la pantalla, incapaz de apartar la mirada.
Luego volvió a escuchar las últimas palabras de la grabación.
«No habrá manera de salvar el apellido Sutherland».
Por primera vez, se preguntó si su abuelo había intentado protegerla… o si llevaba meses protegiendo un secreto que podía destruirla.
Tomó el teléfono y escribió una sola respuesta:
«Dime dónde y a qué hora».
La contestación llegó casi inmediatamente.
«A medianoche. En la antigua residencia familiar. Y, Reese… no confíes en nadie que lleve