nuestro apellido».
Reese sintió un frío profundo recorrerle la espalda.
Porque si Augustus tenía razón, Preston no era el único enemigo que debía enfrentar.
Y cuando el reloj marcara las doce, tendría que decidir si estaba dispuesta a descubrir la verdad, incluso si esa verdad destruía a la única familia que le quedaba.
Pero lo que Reese todavía ignoraba era que, mientras se preparaba para acudir a aquella reunión, alguien ya había entrado en su casa segura.
Capítulo 5: La última traición y el precio de la verdad
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