Capítulo 2: El de la voz

la antigua residencia Sutherland. No quiero que nadie entre ni salga sin que lo sepamos.

La respuesta llegó unos segundos después.

—Entendido. Pero Reese, no vayas sola. No sabemos quién está detrás de esto.

Ella miró la fotografía que el intruso había dejado sobre la mesa.

—Precisamente por eso tengo que ir.

A medianoche, la antigua residencia Sutherland estaba iluminada.

La enorme mansión había sido el centro de las reuniones familiares durante décadas. Sus paredes estaban decoradas con retratos de generaciones anteriores y sus salones conservaban el aspecto de una