Capítulo 2: El de la voz

época en la que el apellido Sutherland parecía invencible.

Reese entró por la puerta principal.

Su abuelo la esperaba en la biblioteca.

Augustus Sutherland estaba de pie junto a la chimenea, con una copa intacta sobre la mesa. A sus setenta y seis años, conservaba una presencia imponente, aunque aquella noche parecía mucho más viejo.

—Has venido —dijo.

—Me pediste que viniera. Ahora dime la verdad.

Augustus bajó la mirada.

—Siéntate, Reese.

—No. He pasado demasiados meses escuchando mentiras de personas que pretendían protegerme. No voy a sentarme hasta que