heridas necesitaban tiempo, y otras quizá nunca desaparecerían por completo. Pero dejó de permitir que el pasado decidiera cómo debía vivir el futuro.
Aprendió que perdonar no significaba volver a confiar ciegamente. Que la familia no siempre estaba formada por quienes compartían nuestra sangre. Y que proteger a alguien no significaba controlar sus decisiones.
Una tarde, Augustus visitó a su bisnieta. Se quedó junto a la cuna, observándola dormir, y después miró a Reese.
—Espero que algún día puedas perdonarme de verdad.
Ella tardó un momento en responder.
—No puedo