obligarme a volver a entrar en una casa donde dos personas habían elegido su orgullo antes que a su propia hija.
Entonces, el día que cumplió diez años, después de la tarta, me miró con esa expresión tan suya y me preguntó:
—¿Puedo conocerlos? ¿Aunque sea una sola vez?
Me quedé sentada, pensando, hasta que comprendí que se lo debía. También comprendí que llevaba diez años llamándolo protección, cuando durante al menos cuatro de ellos había sido otra cosa.
El martes le dije que sí. Y después pasé…
…once días