miró por la ventana.
—No hay mucho que explicar.
—Te encontré casi muerto en la entrada de un hospital. No me digas que no hay nada que explicar.
El anciano cerró los ojos.
—Perdí mi casa. Perdí mis ahorros. Después perdí las ganas de seguir luchando.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Cómo perdiste tus ahorros?
Su padre tardó en responder.
—Confié en la persona equivocada.
—¿En quién?
El anciano volvió la cabeza hacia él.
—En tu tío Ricardo.
Alejandro se quedó inmóvil.
Ricardo Mendoza era el hermano menor de su padre