suelo.
En el miedo que había sentido.
En las personas que habían pasado de largo.
Y en el hombre que había aparecido para reconocer a su padre.
Nunca había imaginado que aquella decisión cambiaría tantas vidas.
—Acepto —dijo finalmente—. Pero con una condición.
Alejandro arqueó las cejas.
—La escucho.
—Quiero que el programa atienda a las personas por lo que necesitan, no por quiénes son. Si alguien llega sin dinero, sin documentos o sin ropa limpia, no puede recibir un trato peor por eso.
Alejandro asintió inmediatamente.
—Estoy de acuerdo.