los documentos con los ojos llenos de lágrimas.
—No sé qué decir.
—No tiene que decir nada ahora. Léalo con calma. Pregunte lo que necesite. Y si decide que no es para usted, buscaremos otra manera de aprovechar sus ideas.
Ella levantó la vista.
—¿Y por qué quiere que yo participe?
Alejandro sonrió.
—Porque usted vio un problema que todos los demás estaban ignorando. Y porque tuvo el valor de actuar.
Mariana abrazó a Gabriel contra su pecho.
Pensó en el día en que había encontrado al anciano en el