fortuna extraordinaria y era conocido por su carácter reservado, su disciplina y su absoluta intolerancia ante la incompetencia.
Pero aquella mañana no estaba allí por negocios.
Llevaba más de tres horas buscando desesperadamente a alguien.
A su padre.
El hombre que había desaparecido de su vida hacía cinco años.
El mismo hombre al que acababa de reconocer en los brazos de una mujer embarazada.
Alejandro se quedó paralizado.
—¿Papá?
Mariana levantó la cabeza.
—¿Usted lo conoce?
Alejandro no respondió.
Corrió hacia el anciano y cayó de rodillas a su lado.