a Gabriel en brazos.
No intentó decirle que todo sucedía por una razón.
No le prometió que el dolor desaparecería pronto.
Simplemente estuvo a su lado.
Y él comprendió que, a veces, la forma más sincera de amar a alguien es acompañarlo cuando no existen palabras capaces de arreglar lo que ha perdido.
Epílogo. El verdadero valor de una persona
Cinco años después de aquella mañana frente al hospital, una nueva enfermera voluntaria llegó al centro de atención de la fundación.
Era su primer día.
Mientras caminaba por el pasillo,