creen que ayudar es extraordinario, cuando lo extraordinario debería ser que nadie tuviera que suplicar para recibir ayuda.
Mariana apoyó la cabeza sobre su hombro.
Gabriel, que ahora tenía cinco años, corrió hacia ellos con un dibujo entre las manos.
—¡Mamá\! ¡Papá\! ¡Miren lo que hice\!
Era un dibujo de tres personas tomadas de la mano junto a una casa.
Sobre la casa había escrito, con letras infantiles y algo torcidas:
«TODOS MERECEMOS QUE ALGUIEN NOS AYUDE».
Mariana sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
Alejandro abrazó a